Para los supersticiosos, los viernes 13 son considerados de mala suerte, más que todo para la cultura anglosajona. Similar a nuestra cultura que los martes 13 son considerados así también. Pero no cabe duda que varios creen en que ambos son días en los cuáles puede ocurrir lo que sea.
El periódico La Verdad, está celebrando su décimo tercer aniversario, y con ello dedicó varias secciones exclusivas para relatar historias sobre leyendas, mitos, apariciones, prácticas ocultas, entre otras. Una historia que resaltó en particular, para mí, fue sobre Fátima, una joven que se aparece en los pasillos de la Escuela de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades y Educación en la Universidad del Zulia. Lugar en el cual estudio actualmente mi carrera junto con mi colega Marlyn Silva.
Una reportera del diario se sentó junto a Alberto, ahora jubilado, era el encargado del estudio de radio en los años 80 cuando Fátima era estudiante en la escuela. Contó que ella tenía entre 25 y 27 años de edad, bonita de ojos verdes, pelo largo y negro. Suponía que era hija de árabes por sus rasgos. Su pasión era por la radio, por lo que siempre estaba dentro del estudio, practicando y buscando siempre la perfección en sus trabajos.
Ella se casó con un ganadero y tenía cerca de un mes de haber dado a luz, cuenta Alberto, cuando un viernes por la noche se encontraban en el estudio hablando, estaba de mal humor porque parecía que su esposo era mujeriego, tenían problemas y ella no estaba contenta. Vio cuando sacó el arma con la intención de hacerse daño y la detuvo, pidiéndole que reflexionara.
Tres días después, se sorprendió al ver el titular de la página de sucesos el lunes siguiente escrito así: “Mujer mata a su esposo e hijo y se suicida”. Y no era nadie menos que Fátima, la joven con quien estuvo hablando recientemente. Un tiempo después, tanto estudiantes como profesores empezaron a escuchar, ver y sentir cosas extrañas en los pasillos y salones de la Escuela.
Varios la han presenciado, entre ellos la profesora Esther Durante, quien un día vio a una chica entrando un cubículo, que no terminó de llegar al segundo y tampoco salió y al asomarse no había nadie, fue el profesor quien la acompañaba que le dijo que era Fátima. Parece que su obsesión por la perfección es lo que la mantiene tan unida aún al edificio de la escuela.
Se le adjudican muchas travesuras como aparatos que se caen, que dejan de funcionar, luces que se apagan y se prenden, hasta fallas en las grabaciones. Se dice que si mencionas su nombre, se te puede aparecer en cualquier momento.
