Desde que el virólogo alemán Harald Zur Hausen comprobó su hipótesis sobre la relación causa-efecto entre el virus del papiloma humano (VPH) y el cáncer de cuello de útero, se ha abierto un amplio campo en la medicina para tratar con mejor exactitud el segundo tumor más común entre las mujeres.
Prueba de esto son las vacunas contra el VPH que desde 2006 han sido dispuestas para el uso humano. Fue entonces cuando la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (Food and Drug Administration, FDA) aprobó dos vacunas para prevenir la infección: Gardasil y Cervarix, producidas por Merck & Co., Inc. y GlaxoSmithKline, respectivamente. La primera es cuadrivalente, es decir, protege contra cuatro tipos de VPH (6, 11, 16, 18); la segunda es bivalente, pues solo se encarga de las cepas 16 y 18, dos de las más dañinas. De ambas son necesarias tres dosis.
Este tipo de vacunas son de exclusivo uso preventivo, por lo tanto no se aplican a personas que presenten síntomas. De allí que la edad indicada para recibir la vacuna sea los 9 u 11 años, antes de que las niñas inicien su vida sexual. Ya los estudios previos demostraron que había niveles más altos de anticuerpos en las preadolescentes y adolescentes vacunadas en comparación con las mujeres adultas vacunadas, una respuesta inmunitaria más potente que se puede traducir en protección prolongada.
Prevención en el mundo
Como es de esperarse, las estadounidenses han sido las primeras beneficiarias de las vacunas. Sin embargo, América Latina también se incluye, de a poco, en esa misma onda de prevención. Precisamente, en octubre de este año comenzará en Argentina un programa de vacunación gratuita para aproximadamente 50.000 niñas de 11 años. En México, por su parte, aunque se comercializa desde hace algunos años, será a partir de 2012 cuando empiece a formar parte de la cartilla de vacunación de todas las niñas de 9 años.
En total son 21 países latinoamericanos donde se usa este método de prevención, entre los que aún no figuran Venezuela ni Bolivia. Al respecto, la profesora María Eugenia Noguera, del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la ULA, explica que una vez disponible la vacuna en Venezuela, se debe vencer su alto costo económico, justificado por las sofisticadas técnicas de biología molecular que se usan para fabricarla. Y como el propósito es aplicar la vacuna a grandes masas están trabajando en una versión más accesible que amerite, como máximo, dos dosis, sin refuerzo.

