Qué mamá no resolvió el mes con la venta de las famosas tazas plásticas que llevan de nombre el apellido de su creador, Earl Tupper. O, mejor, qué mamá no se gastó el dinero del mes en alimentar la competencia entre amigas para ver quién juntaba más ejemplares de los útiles recipientes.

De eso ha pasado ya bastante tiempo. De aquellas reuniones para enamorar a las clientas del producto solo quedó la costumbre de llamar a todas las tazas plásticas, tupperware.
Eso y que ahora se le sumó el sujeto anglosajón sex. ¡Sí, sexo! Ahora las mujeres se reúnen tal como lo hacían antes para hablar de cocina, pero para conversar sobre su sexualidad, cómo alcanzar el placer sola o acompañada y, de paso, aprovechan para despejar la mente de los mitos que durante años han cohibido el disfrute de su vida sexual.
¡Hora de la Tuppersex!
Música para aliviar tensiones, pasapalitos para la merienda y un grupo de amigas -ansiosas, nerviosas, escépticas- reunidas en casa de la anfitriona para atender una clase magistral liderada por una sexóloga que, con picardía, les tocará el timbre de la desinhibición.

Imagínese, usted, una pijamada para niñas grandes; una despedida de soltera sin stripper, pues. Pasearán de mano en mano los juguetes sexuales recomendados por la experta, mientras esta explica de qué va cada uno y cómo funciona. La idea es compartir anécdotas y saciar curiosidades, interacción que se dificulta en una sex shop.
¿A quién se le ocurrió?
Estadounidenses, estadounidenses… ellas dieron el paso al frente hace cinco años, según El Clarín. A Europa y Latinoamérica tardo un poco más en llegar la moda. La Maleta Roja, en España, es una de las empresas de mayor prestigio. En Venezuela sabemos de Amor Antúnez, psicóloga y ex conductora del programa Sexopolis transmitido hasta hace poco en Canal i, quien acude al llamado de la pandilla para instruirles y presentarles a unos cuantos aliados del buen sexo.
