Desde pequeñas, nos dicen a cada momento “debes ser una niña buena”, mientras vamos creciendo, nos recriminan con algún “eso no lo hacen las señoritas, ¡debes portarte mejor!” y así sucesivamente hasta que nos descubrimos obedientes portándonos tan, pero tan bien… que da sueño.
En esta ocasión, Ana von Rebeur se preguntó por qué una mujer para ser considerada “femenina” debía ser obligatoriamente alguien dulce, pasiva, sumisa, abnegada, dócil y que se entregara a cuidar a los demás, olvidándose muchísimas veces de ella misma. ¿Por qué para que la crean “buena” debe postergar sus deseos para priorizar el de los demás y por qué a una mujer independiente, decidida, audaz y autosuficiente que le pone límites a los demás y hace lo que quiere, la tildan de “bruja”?
Es por ello que, en su nuevo libro títulado Todas brujas, resalta las ventajas que tiene ser malas y llega a la conclusión que todo lo malo que les pasa a las mujeres es por ser demasiado buenas.
También se dió cuenta que, por lo general, las malas son temidas pero respetadas y tienen a un montón de mujeres “buenas” criticándolas, pero por pura envidia, no más. Además que los hombres las prefieren malas y mientras más malas, mejor.
La autora sostiene que es más divertido ser bruja que ser blancanieves, y al pasar por infinidad de ambientes llenos de malas, cada cosa que aprendió de ellas te la cuenta con muchísimo humor en este libro que, aparte de hacerte reír hasta llorar, te hará reflexionar.

