Es el forma médica de llamarle a la infección vaginal, es decir, la producida por hongos (candidiasis), vaginosis bacteriana (común en mujeres promiscuas) o tricomoniasis (por transmisión sexual).
Para detectarla se deben tener en cuenta los siguientes síntomas: mal olor en la vagina, ardor, picazón, dolor o irritación al orinar o tener relaciones sexuales y secreción de flujo diferente a lo normal.
Pero, ¿Qué es lo normal?
El flujo es un líquido que expulsa la vagina como mecanismo de limpieza y humectación de la zona. No hay de qué preocuparse siempre que el flujo sea inodoro o con olor ligeramente salado, el color sea blanco y turbio, y si aumenta la cantidad o se vuelve “fibrosa” (como la clara de los huevos) a mediados del ciclo menstrual, durante la ovulación.
Vale aclarar que no todas las mujeres presentan síntomas o no llegan a percibirlos por su levedad. De allí la recomendación de visitar al médico ginecólogo con regularidad.
Factores como las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), un tampón mal puesto, un problema congénito en la vagina o útero, o una alergia por espermicidas, productos de higiene vaginal, detergentes suavizantes de prendas, también son los causantes de la vaginitis.
