La fidelidad empieza en casa… Y con casa nos referimos a uno mismo. Fidelidad, entendido como lealtad, no es más que respetar a la otra persona, entregándonos a él/ella a sin tener la hueca necesidad de buscar en alguien más lo que perfectamente podemos encontrar en nuestra pareja.
Para muchos, la fidelidad absoluta es considerada una utopía: Moteles enteros lo confirman en horas de almuerzo… Sin embargo, más allá de un posible desliz de una noche, la verdadera fidelidad va más allá, pues eres fiel cuando no sólo respetas al otro, sino a ti mismo; eres fiel cuando no consideras que “felicidad” sea la adrenalina generada al escaparte de tu pareja con alguien más; eres fiel cuando no tienes la necesidad de buscar halagos en otro porque no sólo te sientes bien con los de tu pareja, sino que eres un ser humano con tanta valía que no necesitas halagos adicionales; eres fiel cuando logras obeceder tus deseos sin caer en lujurias intrascedentales, pues los cumples de corazón y sin dañar a alguien más.
Sólo quien es fiel a sus ideales, valores y sueños propios, quien sabe ser agradecido con la vida por lo que tiene, quien no tiene la necesidad de buscar lo que no se le ha perdido, quien cuida lo que encontró… sabrá, el día de mañana, serle fiel a alguien más. Respétate a ti mismo.
