Fácil es enojarse, tirar puertas, llorar, angustiarse. ¿Lo difícil?, sonreír sin motivos, relajarse y, sobre todo, respirar. Respirar para dejar escapar ese cúmulo de pesares que nos hace intolerable la vida, contaminándonos el alma de odio hacia un mundo que lejos está de ser el culpable de nuestras desgracias. La búsqueda de culpables siempre empieza a contarse en primera persona, nunca en segunda ni tercera.
Aun así, lo ignoramos. Nos limitamos a rezar un rosario de lamentos que en nada contribuye al progreso. Nos convertimos en campeones de nado sincronizado en la piscina olímpica de las tristezas. Y ahí permanecemos, estancados en nuestra propia miseria.
¿Cómo sacudirse las angustias? Respirando. Hacerlo en aire cargado de entusiasmo, optimismo, confianza, serenidad. Dejar el orgullo y dar amor sin prejuicios.
Como lo dice Luis Fonsi en su nuevo sencillo promocional: “respira, aguanta un segundo y respira. Cierra los ojos y mira. Muerde la rabia y respira. La vida, a veces no es justa, la vida…”
