Ayer a las 8:15 de la noche empezó el juego entre Venezuela y Paraguay, que decidiría quién iría a la final contra Uruguay en la Copa América 2011. Las calles del país venezolano estaban vacías, todos estaban viendo el juego aglomerados en las plazas, distintos locales y, en el caso de Maracaibo, en la Vereda del Lago donde pusieron una pantalla gigante para que todos pudieran ver partido.
Fueron 120 minutos, los 90 legales divididos en dos tiempos, 45 y 45, y media hora extra porque quedaron 0 a 0. Fue en el minuto 38 que Oswaldo Vizcarrondo logró anotar un golazo pero fue anulado por los árbitros por una supuesta posición adelantada.
En el segundo tiempo los paraguayos demostraron un juego con mucho contacto físico y en busca de una respuesta por los venezolanos. Aún así, se mantuvieron firmes y no sucumbieron ante las burlas y provocaciones del equipo contrario durante el juego.
La decisión de quién iría hasta la final el domingo fue en base a la ronda de “ruleta rusa” de penaltis donde los paraguayos vencieron 5 a 4. Villar, el portero de la selección de Paraguay, tuvo la oportunidad de parar el tiro de Lucena; sin embargo Vegas, el portero venezolano no tuvo la misma suerte.
Al finalizar la ronda, los paraguayos celebraron su victoria vacía, porque no demostraron dignidad ni conductas apropiadas durante ni después del juego, y llegaron a la final sin ganar un solo juego, todos empatados. Burlas y provocaciones de parte de ellos hicieron que una pelea se formara entre todos los jugadores de ambos equipos al finalizar el juego.
A pesar de la pérdida, el equipo venezolano en el corazón de todos los venezolanos ya ganó. Aunque merecían ganar; dieron el todo por el todo y permitieron que el país, dividido por colores políticos, se uniera por un solo color y pasión, la Vinotinto, y eso es más que suficiente. Además, ya hicieron historia.
Ahora les tocará jugar contra Perú para decidir quién obtendrá el tercer lugar en la Copa.

