A pesar de que muchos le teman a la mantequilla por considerarla una fuente de grasa –que sí lo es- consumir una pequeña porción de esta u otras grasas saturadas mejora el metabolismo del hígado, lo cual ayuda a mantener un buen balance en la grasa de la sangre.
La mantequilla, un derivado de la leche, ayuda incluso a bajar el nivel de los triglicéridos que pueden tupir las arterias, y además eleva el “colesterol bueno” (lipoproteína de alta densidad o HDL, por sus siglas en inglés). Según una investigación de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos, tales propiedades reducen en un 25% el riesgo de padecer enfermedades cardiacas.
