Llamar a las cosas por su nombre.

June 21, 2016 | By venezuela | Filed in: Blog.
Llamar a las cosas por su nombre.

Llamar a las cosas por su nombre.

Aunque con toda certeza todavía tendremos que soportar más derramamientos de sangre antes de ver la aurora, todos los indicadores sugieren que nos estamos moviendo en la dirección correcta.

por Isi Leibler
2005-01-30 17:20:00

Aunque con toda certeza todavía tendremos que soportar más derramamientos de sangre antes de ver la aurora, todos los indicadores sugieren que nos estamos moviendo en la dirección correcta.

Quedó comprobado que los que insistieron en que las respuestas militares no tienen efecto sobre el terrorismo, estaban rotundamente equivocados. La Operación Escudo Defensivo no solamente redujo sustancialmente el luctuoso número de víctimas del terrorismo, sino que también consiguió que muchos palestinos percataran de que nuestra caótica expulsión del Líbano, años atrás, no fue, en modo alguno, un ensayo general de nuestra – para ellos – próxima expulsión de los territorios, y finalmente nuestra desaparición del mapa.

Muchos palestinos están ahora cuestionando la dirección en la que Yasser Arafat los ha estado llevando y comienzan a darse cuenta de que el terrorismo no los lleva a otro resultado que la propia miseria, hasta ubicarlos al borde del desastre. Pero esto no debería privarnos de advertir, por nuestra parte, los desafíos enormemente difíciles que todavía tendremos que encarar en los frentes político y diplomático. Tal como lo estamos comprobando, la identidad de los intereses entre Israel y los Estados Unidos tiene sus límites. Por cierto, no es nada inconcebible que una vez que el gobierno Bush haya superado la amenaza de Irak, se encuentre presionado para recomponer sus vínculos con los europeos y otros aliados incluyendo a las naciones árabes calificadas de “moderadas”, todo esto a expensas de nuestras necesidades de seguridad.

Todo retorno a negociaciones con los palestinos utilizando como parámetro las de Taba, o incluso las de Camp David, resultaría en desastre. Pero todavía hay en Israel una cantidad de políticos que apoyan semejante iniciativa, ejercida en su h momento por ministros que no contaron con la aprobación del entonces primer ministro Ehud Barak, ni de la Kneset, ni ciertamente tampoco del pueblo.

Hay, por consiguiente, una urgente necesidad de convencer a nuestros amigos en el mundo, y a muchos judíos en la diáspora, de que nosotros jamás podremos retornar a la fórmula de Taba. También tendríamos que explicarles que sería suicida para nosotros acceder a la presión internacional y reconocer prematuramente la independencia estatal de los palestinos antes de que la sociedad palestina haya atravesado cambios realmente esenciales.

Hace dos años nosotros estábamos divididos sobre cómo tratar con los palestinos. Ahora ya no lo estamos. El consenso consolidado hoy por la vasta mayoría de Israel, es que nosotros no tenemos ambiciones de gobernar a los palestinos, pero nos seguimos oponiendo a otorgar concesiones territoriales hasta que llegue el tiempo en que los palestinos se reconcilien con nuestro derecho a existir, en paz y seguridad, como un Estado Judío soberano. Para probarlo, ellos tienen que demostrar primero que son capaces de elegir un gobierno propio dotado de nuevos líderes que muestren decisión y capacidad para imponer el imperio de la ley y el orden, y estén firmemente dispuestos extirpar sin miramientos el terrorismo. Hoy en día, si es que nosotros vamos efectivamente a defender nuestra propia causa, debemos poner punto final, de una vez por todas, a nuestra inclinación a “comprender” la virulencia del odio que mancha todos los niveles de la sociedad palestina. Desde Oslo, una tendencia a potabilizar los reales objetivos de los palestinos ha distinguido la política exterior israelí. Portavoces gubernamentales se mostraron más ansiosos por promocionar las supuestas virtudes de Arafat como socio en las gestiones de paz, que confrontar crudamente la nada agradable realidad.

Nosotros debemos, en consecuencia, convencer al mundo de que de lo que se trata no es de un conflicto entre dos pueblos por cuestiones de territorio ni de “ocupación”. Esto quedó fehacientemente demostrado cuando Arafat rechazó la oferta que le hizo el entonces primer ministro de Israel, Ehud Barak, de cederle el 97 por ciento de los territorios situados al otro lado de la “Línea Verde”. Ni tampoco formamos parte de un “ciclo de violencia”. Lo que afrontamos es una lucha existencial con vecinos que una y otra vez demuestran con claridad que su objetivo primordial consiste en exterminarnos, incluso si tienen que hacerlo en fases a lo largo de un largo período de tiempo.

Esto que digo no es una paranoia. Es una cita textual de la guerra que libran los palestinos contra el Estado Judío. Y puesto que el propósito de esta guerra es maligno, los que la conducen son también malignos. A propósito, los judíos no han enfrentado tamaña malignidad desde los Nazis. Esto no debería ser interpretado como una declaración racista ni como una primitiva demonización de todo un pueblo. Lo que hago es llamar a las cosas por su nombre. El actual presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, denuncia los “estados malignos”. Nuestros vecinos palestinos que procuran la destrucción del pueblo judío representan la esencia de la malignidad y del barbarismo. Y este es el momento de que nosotros los denunciemos ante el mundo, con voz fuerte y clara. No estamos sugiriendo que el pueblo palestino sea intrínsicamente ni genéticamente más malvado de lo que lo fueron los alemanes bajo Hitler. Lo que estamos diciendo es que los líderes palestinos han logrado, igual que lo hicieron los Nazis, adoctrinar a su pueblo y transformarlo en una sociedad basada en el mal.

· Está basada en el mal una sociedad que aclama como héroes a los que atacan a civiles en ámbitos tales como un Seder de Pesaj, un Bar Mitzvá o una discoteca.

· Está basada en el mal una sociedad que solemniza la reintroducción de la antigua costumbre de sacrificar a sus niños.

· Está basada en el mal una sociedad que otorga su más alto honor al mérito de hombres-bomba suicidas, cuyo propósito es asesinar a la mayor cantidad posible de judíos.

· Está basada en el mal una sociedad cuyas madres se exhiben en la televisión declarando cuán orgullosas se sienten porque sus hijos se hayan convertido en “mártires”, y gritan su esperanza de que sus hijos menores sigan la misma tradición y también maten israelíes.

· Está basada en el mal una sociedad en la cual los ufanos progenitores de “mártires” son públicamente recompensados por haber sacrificado a sus hijos con los 25.000 dólares que proveía para esto Saddam Hussein, y ensalzados por Arafat en persona.

· Está basada en el mal una sociedad que enseña a sus párvulos en los jardines de infancia canciones y poemas que alaban las virtudes de asesinar judíos. Cuyos niños de cuatro años reciben en los campamentos escolares instrucción de cómo disparar a los judíos y adoctrinarlos para que acepten como modelos de conducta a los “mártires heroicos” que fallecieron para asesinar a los “malditos judíos” que “usurparon” su patria. Un video emitido repetidamente por la televisión palestina incorpora una canción infantil con esta letra: “Cuán placentero es el aroma de un mártir, cuán placentero es el aroma de la tierra, la tierra enriquecida por la sangre, la sangre vertida por un nuevo cadáver”.

· Está basada en el mal una sociedad en la que todo el aparato religioso exhorta a sus feligreses a odiar a los judíos porque son judíos, a “no tener piedad de los judíos estén donde estén, en cualquier país. Luchad contra ellos donde quiera que estén. Siempre que os encontréis con ellos, matadlos, porque ellos han establecido aquí su Israel, en el corazón palpitante del mundo árabe, en Palestina”. Este extracto de un sermón pronunciado en una mezquita de Gaza y difundido por la cadena de televisión fundada por Arafat, es típico de la dieta diaria de incitación fundamentalista islámica dirigida directamente contra los judíos.

Y si esa sociedad no es la encarnación del mal, ¿cómo es posible, entonces, explicar o justificar los deleitosos festejos callejeros que aparecen apenas se reciben noticias de que mujeres y niños israelíes han volado por los aires por uno de los heroicos “shahids”?. ¿De qué otra manera puede considerarse semejante comportamiento, a no ser como la prueba de que se trata de una sociedad maligna?.

Recientes declaraciones pronunciadas por algunos dirigentes palestinos sugieren que, teniendo en cuenta la revulsión internacional provocada por esos asesinatos, ahora deberían centrarse como objetivos primarios en los judíos que viven al otro lado de la Línea Verde. Esto no disminuye su malignidad intrínseca en ningún sentido. No hay protestas ni expresiones de disensión en esta elección de civiles inocentes como blancos para matarlos. Las ejecuciones al estilo de la mafia de hombres y mujeres acusados de colaboracionistas no alientan a que los que se oponen al régimen eleven su voz.

Pero la verdad es que la mayoría ha sido suficientemente acondicionada con un lavado de cerebro desde tierna edad por el medio ambiente religioso y cultural, para respaldar el mal. Las encuestas de opinión entre los palestinos muestran que el 80% de este pueblo apoya con entusiasmo a los hombres-bomba suicidas.

Por esto nosotros debemos convencer a nuestros aliados y a toda la gente de buena voluntad de que, si bien la mayoría de nosotros estaríamos muy complacidos de separarnos inmediatamente de los palestinos, ninguna valla de seguridad ni ninguna frontera sería capaz de brindarnos seguridad ante unos vecinos comprometidos con tamaña malicia. Evacuar sin más y permitir que una gente tan imbuida de odio ciego contra nosotros cree un estado propio en nuestro umbral sería la fórmula de nuestra autodestrucción.

Esto no significa que nunca pueda lograrse la paz y el entendimiento con los palestinos, Por el contrario, ello tiene que seguir siendo nuestro objetivo esencial. Pero también debemos afrontar la verdad de que, por ahora, nuestros vecinos no están menos infectados por el mal de lo que lo estuvieron los alemanes bajo Hitler. Y tal como los alemanes fueron en su momento desnazificados, los palestinos tienen que ser desarafatizados y obligados a elegir líderes capaces de hacer cumplir la ley y el orden. Si no anteponemos tal cambio a aceptar un estado palestino u otorgamos concesiones territoriales que se conviertan en plataformas de lanzamiento de esfuerzos más rabiosos todavía por destruirnos, entonces vamos a reciclar los errores que cometimos en Oslo y una vez más jugaremos con las vidas de nuestros hijos.

Israel fue y sigue siendo una sociedad justa y democrática dedicada a los valores judíos y humanistas, cuya esencia es el respeto a la santidad de la vida.

En toda guerra caen inocentes. Pero en marcado contraste con nuestros enemigos, que deliberadamente apuntan contra mujeres y niños, muchos de nuestros soldados reposan en tumbas porque trataron de minimizar bajas civiles y se refrenaron de utilizar el impresionante poder militar que estaba a su disposición.

La enorme mayoría de nosotros ansiamos la paz y no tenemos deseos de gobernar a otro pueblo. El mismo día que los palestinos se decidan a rechazar el mal, nosotros estaremos dispuestos a acordar con ellos generosos compromisos. Pero hasta que llegue ese momento, nosotros, como cualquier otra nación sobre la que penda una amenaza a su mera existencia, estamos obligados a hacer todo lo que sea necesario para defendernos y proteger la vida y los miembros de nuestros hijos.


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *