Pasar el semáforo en rojo se ha convertido en un hábito para los conductores, no hay sanciones, y si las hay conviene el soborno. Claro está: la anarquía nos gobierna –por lo menos en materia de seguridad es así-.
A pesar de que hay normas expresas acerca de cómo actuar en determinadas situaciones, las ignoramos. “Las reglas son para romperlas”, justificamos, pero ¿Y las consecuencias?, ¿Las asumimos?
Partiendo de este punto, compilamos las normas de seguridad automovilísticas fundamentales pero que nunca se cumplen. Las que toda persona delante del volante debería saber y ejercer.
- Chequear el estado del vehículo antes de ponerlo en marcha (Frenos, dirección, neumáticos, iluminación): nunca hay tiempo para hacerlo, el despertador sonó tarde, solo quedan 5 minutos para llegar al destino. Por lo tanto, apenas se logra asegurar de que las puestas estén bien cerradas.
- Todos los ocupantes del vehículo deben usar el cinturón de seguridad: si acaso lo usa el conductor, y solo cuando una alcabala policial lo previene. Este implemento parece un accesorio decorativo del carro en vez de uno de seguridad.
- No conducir en estado de ebriedad: aunque la velocidad y el alcohol no hagan buena pareja, a muchos les encanta ponerlos a bailar la misma canción, y eso buenos resultados no da.
- Conducir de forma prudencial y siempre con la vista al frente: o se creen Meteoro, capaces de manejar a toda velocidad; o Valentina Quintero, para admirar todos los paisajes del camino. Y cuando se está frente al volante no se tiene ni la primera ni la segunda opción.
- Respetar las señalizaciones de tránsito: si la señalización dice “despacio”, aceleran. ¿Y si se pidiera lo contrario?
- Evite las distracciones al conducir: es lo que más abunda. Una llamada telefónica, los últimos retoques de maquillaje, cambiar de estación el radio reproductor… es fin. Da la impresión de que el carro fuese el espacio ideal para hacer todo lo que no se debe.

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