Una red de bibliotecas dispersas en las regiones menos favorecidas de Colombia es el logro que mantiene enorgullecido a José Alberto Gutiérrez, el conductor de un camión de basura que un día decidió llevarse a casa un ejemplar de Ana Karenina, de León Tolstoi, texto cuyo destino era ser mezclado con los desperdicios.
Tras diez años de repetir el mismo procedimiento con otros libros abandonados, Gutiérrez ha sumado, aproximadamente, 10.000 volúmenes; entre ellos, una compilación sobre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, una edición de lujo de El Corán, una colección de cuentos de más de cien números y las obras completas de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges.

La sede principal de La fuerza de las palabras, como ha llamado el proyecto, es la sala de su casa. Allí, acuden niños y jóvenes que, además de hacer sus tareas, participan en los círculos de lectura y otras actividades recreativas enmarcadas en la lectura. El resto de las bibliotecas también funciona en la humildad de los hogares que pongan a disposición un espacio.
Esposa e hijos de Gutiérrez son colaboradores activos de este inspirador trabajo que ha promovido la fundación de al menos veinte bibliotecas en diferentes localidades de Colombia.
