No hay nada más cierto que aquel refrán de “el mundo es un pañuelo” cuando un día cualquiera andabas disfrutando de un café en tu restaurant favorito y de repente, divisas a lo lejos al novio de tu mejor amiga… ¡pero con otra!
Entras en estado catatónico y usas las tazas y el mantel de la mesa como un camuflaje improvisado, para poder así presenciar en primera fila la infidelidad ajena. Ahora que estás en plena función, ¿qué hacer? ¿hablar o callar?
En un impulso, tomas el celular y vas a marcarle a tu amiga. Quien te acompaña en la mesa te sugiere que calles, que a la gente no le gusta que le digan la verdad, y te hace detener cuando te dice que “el ser humano prefiere una mentira que le haga feliz a una verdad que le destruya la sonrisa”
A pesar que tu amigo te aconseja con fuertes argumentos que no, la ética insiste que si, pues algo dentro de ti siente que debe contarle e incluso ayudarla a vengarse, como si fueses toda una Némesis intentando hacer justicia.
El problema radica en lo siguiente: Si no estás 100% seguro/a que se trata de una infidelidad, alarmar en vano a tu amigo/a puede traerte serios problemas. Además que, en el caso que tu amigo/a decida perdonar a su pareja, el que quedará como el desestabilizador serás tú, y podrías perder la amistad de ambos.
Así que, la próxima vez que veas en el restaurant alguna infidelidad ajena cocinándose a fuego lento, intenta conversar por separado con ambas partes para aclarar lo visto… recuerda que los humanos nos entendemos comunicándonos; y así el infiel quizás se dé cuenta de las consecuencias que puede traerle todo y se aleje de las perversas andanzas.
