Podría dar aquí lecciones de optimismo. Decir que la gallardía debe ser el desayuno de cada mañana y la cobardía la pluma que se queda bajo la almohada. Pero, quizás, las palabras no son siempre de fiar. Habrá, entonces, que asirse de la imagen, de las genialidades que la gente hace con ellas y los resonantes mensajes que algunas nos dejan.
Dony Permedy se empeñó en hacer volar a un ave que carece de esa habilidad: el kiwi. El resultado es este cortometraje que presentó como tesis para obtener la Maestría de Animación, de la Escuela de Artes Visuales de Nueva York.
