Tan silencioso y perturbador como que el único sonido audible para el humano sea su propio corazón, pulmones o estómago no es una metáfora escrita en un libro de terror. En la cámara anecoica creada por Laboratorios Orfield, en Minneapolis, Estados Unidos, eso es lo que sucede.
Esta obra, según reseñó El Clarín, es superior a cualquier otra y está especialmente diseñada para absorber todo el sonido que incide sobre las paredes. La NASA, por ejemplo, lleva ahí a sus astronautas para sumergirlos en grandes contenedores de agua y medir en cuánto tiempo comienzan a sufrir de alucinaciones. También marcas como Harley–Davidson. Es un lugar donde no existe la reverberación: todos los sonidos que salen de una fuente sonora desaparecen en apenas un instante.
Steven Orfield, presidente del laboratorio que creó la cámara, advirtió que una persona no puede permanecer más de 45 minutos dentro de ella y a oscuras. Y esta es una cifra bastante optimista porque ¿Quién puede soportar más de 10 minutos sin emitir ningún sonido? Un monje en la India, quizás, pero un ciudadano acostumbrado al chillido de las cornetas jamás.
Lía Ricón, médica psicoanalista psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina y profesora de la Universidad de Buenos Aires, lo afirma: “Esta práctica está asociada a la privación sensorial. Esto es no ver ni oír nada y puede incrementarse con permanencia en un medio acuoso para evitar las sensaciones de roces en la piel. Esta privación produce efectos muy penosos y –según el tipo de personalidad– pueden aparecer fenómenos alucinatorios y desorganización de la personalidad”.
