Al sur de Perú, una construcción de las más antiguas rocas se levanta entre la naturaleza y el místico aire que de sus antiguos pobladores proviene.
Aunque ciertos documentos de mediados del siglo XVI lo sugieran como palacio de descanso del primer emperador inca, Pachacútec, y otros estudiosos lo supongan como templo religioso, la genialidad de su construcción fue suficiente atributo para que en 1983 fuese nombrado Patrimonio de la humanidad por la UNESCO e incluida en 2007 entre las nuevas maravillas del mundo.
Dividido en dos amplios sectores (el agrícola y el urbano o ciudadela), el santuario de Machu Picchu se pierde entre palacios, templos, viviendas, depósitos y restos de los edificios que en lo remoto estuvieron cubiertos de oro.
La entrada a Machu Picchu no es para nada sencilla: tres días de caminata por el camino inca o algunas horas en la carretera Hiram Bingham que comienza en el pueblo de Aguas Calientes, al cual solo se puede acceder en ferrocarril. Vías creadas con la intención de controlar los tumultos de visitantes a las misteriosas ruinas incas.
Mientras un vuelo nos lleva hasta Perú, un tour virtual nos dará idea de lo que tras las montañas se esconde.
