Un día, Carolina despertó sin poder oír desde su oído izquierdo. Angustiadísima y entre lágrimas, consultó por internet donde le sugirieron desde lavados con aceite de bebé, agua oxigenada, hasta cosas más osadas. Sin embargo, optó por lo más sensato: Visitar al otorrinolaringólogo.
La médico, luego de un chequeo y conversar con ella al respecto, le pidió que tomara asiento para hacerle un lavado de oido. “¿Un lavado de oido es todo lo que necesito para volver a recuperar mi audición?” -exclamó sorprendida y a la vez aliviada, la paciente.
Así como Carolina, muchos padecen en algún momento de sus vidas de la obstrucción por cera en el conducto del oído, conocido popularmente como “oido tapado”. Esta molestia puede desencadenar la pérdida momentánea de la audición, que con un simple lavado de agua a presión por parte del médico capacitado, se solventará.
Según María Istuiz, otorrinolaringóloga, el estrés tensa todo el cuerpo. Si estás en un periodo de tu vida donde andas muy saturado, generalmente te llevarás esa carga al momento de dormir, por lo cual “duermes con la mandíbula tan tensa, que el canal auditivo se límita y la cera no puede tener su salida natural, es decir, se atasca y se forma un tapón de cera”, explica Istuiz.
De igual manera, la doctora hace hincapié en “no usar cotonetes (hisopos) para limpiar nuestros oídos”, pues el drenaje de cera es espontáneo y sólo debe removerse el excedente que sale del orificio hacia afuera sin introducir elementos en su interior, debido al riesgo de traumatismo, sangrado y formación de tapón de cera impactado.
