Gente que tiende a quejarse por un leve dolor de cabeza, como si se tratase de un tumor cerebral, debe saber que de acuerdo a las palabras usadas para manifestar el dolor, este aumenta o disminuye por la carga positiva o negativa con las que se expresen.
Si padecemos de un dolor crónico y se exterioriza con palabras de forma repetitiva, este puede empeorar. Lo mismo ocurre cuando se describe el malestar con adjetivos como “insoportable”, “horrible”, “paralizante”.
A esta conclusión llegaron investigadores de la Universidad Friedrich-Schiller, de Jena, Alemania. En el experimento pidieron a los participantes que hablaran de su dolor e inmediatamente imágenes tomadas del cerebro mostraron actividad en las áreas del cerebro que procesan el dolor.
