Finalmente, ha llegado la gloria académica: cambiar la chemise color cartón por un pase directo a la anarquía universitaria. No más profesores histéricos por haber descubierto una escapada de clases, ni angustiantes entregas de boletines a los padres… ¡no más!
Llegó el primer día en la universidad, ese tan anhelado y planificado durante meses. Pero, extrañamente, tanta emoción se convierte en pánico. De repente, aparece un ataque de inseguridad que nos hace querer volver al regazo de un saloncito de colegio donde la máxima preocupación es que el director cite de nuevo a Pedrito por mala conducta.
¿Qué hacer para calmar ese susto pre universitario?
- Buscar un consuelo. En este caso, saber que como tú hay otros igualmente desorientados, en un espacio nuevo rodeado de un montón de desconocidos.
- La repetida frase “siempre hay una primera vez” encaja perfectamente aquí. Esta es la tuya. Lo que sea que ocurra ese día probablemente lo recordarás en el futuro como una buena anécdota para reír.
- Imaginar la universidad como un liceo, pero de mayor tamaño. Así te sentirás familiarizado con el ambiente. Por supuesto, esto con la idea de tranquilizar la mente, pues paulatinamente deberás asumir las responsabilidades que antes no tenías.
- Enterarte de que en la universidad, sobre todo en las públicas, poco importa si los zapatos combinan con la cartera o de qué marca es la camisa que llevas puesta.
- Y, en definitiva, la madurez con la que asumas ese nuevo reto es fundamental. De ella dependerá el éxito o fracaso que en adelante te acompañe.
