Acostumbramos asociar el sabor de la comida en tres escalas gustativas: salado, amargo y dulce. Si no encontramos clasificarla en ninguna de las tres, la tachamos como insípida (y lo desabrido no apetece a nadie).
En el caso de lo salado pareciera que la sazón depende únicamente del toque de sal con que se salpique las preparaciones, pero existen otras técnicas para aportar sabor sin necesidad de usar este mineral que al consumirlo en exceso desencadena tantos daños en el organismo.
Sugerimos, entonces:
- Sustituir la sal con la acidez del limón y el vinagre; con picantes como la pimienta, la cebolla y el ajo; o con hierbas aromáticas como el orégano, el perejil y el laurel.
- Cocinar la carne a la parrilla y las verduras al vapor.
- Saltear las verduras con aceite de oliva.
- Espolvorear sobre la comida nueces troceadas.
