Con frecuencia solemos apegarnos sentimentalmente no sólo a nuestros semejantes sino también a objetos que por algún motivo tienen un significado importante. Ya sea el envoltorio del primer chocolate obsequiado por el novio o la antigua cuna donde dormíamos cuando niños; las guardamos en algún rincón de la casa como símbolo de un recuerdo o “por si acaso” sirve en otra ocasión.
De a poco, esos detalles se acumulan hasta desbordar la casa por doquier creando un ambiente pesado y desordenado que estanca a quienes allí habitan en el pasado impidiéndoles la renovación de energía para continuar hacia un futuro próspero.
¿Alguna vez han entrado en una habitación como sacada de otra época, donde las cimas de papel amarillento sirven de decoración? ¿Verdad que se siente cansancio, flojera o hasta tristeza al estar allí? Eso ocurre porque las energías no fluyen correctamente, entonces, lo malo se queda y lo bueno se esfuma con rapidez, lo cual explica el fastidio o el desgano que da trabajar o estudiar en espacios con estas características.
Tener cosas guardadas sin uso durante años e incluso inservibles, sólo denota la necesidad de darle significado a lo que no tiene y la incapacidad de dejar ir el pasado. Hay que renovarse, seguir adelante, pasar la página. Aunque creamos haberlo hecho, el círculo no se cerrará hasta que verdaderamente no queden huellas ni siquiera físicas del asunto.
Recordar no es malo, pero es mejor hacerlo con aquello que nos haga felices. Archivar fotografías, videos, algún regalo valioso, una carta, no es dañino, siempre que no estorbe en nuestro presente.
Manos a la obra
- Lo primero es mentalizarse, o sea, aceptar que ya el pasado fue, nada de lo material logrará devolverlo. Por eso se debe depurar el espacio donde vivimos o trabajamos para vivir en armonía con el presente.
- Si ya estás en la universidad o eres profesional y aún conservas los cuadernos de toda la etapa escolar, ni pienses que los utilizarás de nuevo. Se acepta guardar uno o dos pero todos ¡jamás!
- Esa plancha sin cable, la lavadora con el motor quemado o esa mecedora a punto de desplomarse, sencillamente caducaron. Tenerlas cubiertas de polvo no las arreglará.
- Saca del closet cuanta ropa vieja y sin uso haya. Es cierto que las modas regresan, pero seguramente ese mini vestido que diez años atrás te quedaba a la medida, ahora no te quedará igual.
- Por último, al haberse despojado de todo lo inservible, limpiar y cambiar las cosas de lugar (hacerlo ejercita la mente). Al ordenar todo tendrás más espacio y un ambiente agradable.
Olvida de una vez por todas las ataduras, a fin de cuentas no querrás tener un museo por casa.


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