Antes de perforar la lengua con un piercing se deben tener dos aspectos claros: a qué se está expuesto y cómo prevenir posibles daños bucales, pues esta parte del cuerpo es sumamente vulnerable a la aparición de infecciones.
El lóbulo de la oreja, ceja, ombligo y lengua son las zonas de preferencia para guindar piezas decorativas. De estos, la lengua es la más sensible a las bacterias, entre otras cosas, por no cicatrizar con la misma rapidez de las demás.
Entre los daños que se pueden sufrir se cuentan: dificultad respiratoria, alteraciones del habla e incremento de la posibilidad de adquirir algún problema bucal porque cuando se hace la perforación puede maltratarse una glándula salival que al obstruirse produce acumulación de saliva.
Por ser un organismo compuesto por múltiples nervios y más de ocho músculos, lastimar uno de ellos causa inflamación, dolor e incluso pérdida de la sensibilidad y sentido del gusto. Entonces, evitarlo es lo primordial. Para ello los odontólogos recomiendan, una vez hecho el piercing, acudir con frecuencia al médico para un chequeo exhaustivo, pues la humedad de la mucosa oral y la placa bacteriana que se acumula por los restos de comida incrementan la probabilidad de padecer problemas en la boca.
