Las relaciones sexuales son conocidas entre sexólogos como un “juego entre adultos”, pues el verbo “jugar” siempre ha estado relacionado con diversión, y el sexo, lo cual forma parte de las necesidades fisiológicas del ser humano, al ser una actividad compartida con la pareja proporciona a simple vista lo que produce cualquier otro juego: placer, satisfacción y diversión.
En este sentido, la mentalidad del hombre se ha ido expandiendo debido a la globalización y al paso del tiempo, y la reproducción en sí ha dejado de ser el objetivo principal de la actividad sexual desde hace muchísimos años; en teoría, el acto sexual debería efectuarse entre dos personas de diferentes sexos, conectadas y comprometidas emocionalmente; “debería” pero, en la práctica, la realidad es totalmente otra.
Y es que el término “hacer el amor” pareciera haber quedado en películas y novelas, pues ya no sólo los “trabajadores del sexo” lo hacen como un ejercicio más y sin mezclar los sentimientos; cada vez son más y más las personas que están teniendo relaciones sexuales con gente recién conocida, siendo así como se desprenden las consecuencias y complicaciones de este “juego para adultos”, cuando la monogamia lamentablemente ha sido desplazada por la pluralidad de parejas, ésto aunado a la temprana iniciación de la vida sexual en los jóvenes; en consecuencia, las enfermedades de transmisión sexual se propagan cada vez más, llegando al punto de convertirse en una epidemia mundial.
El padecer una enfermedad en sí implica para el ser humano cargar con un sufrimiento físico y un deterioro orgánico; sin embargo, en el caso de las transmitidas por vía sexual, el mayor dolor que podría soportar el paciente sería el emocional, debido a los patrones sociales establecidos que discriminan y rechazan injustamente a las personas que las han contraído teniéndoles una especie de miedo o asco.
Uno de los tantos factores detectados que incide en la propagación de enfermedades de transmisión sexual (ETS) es la temprana iniciación de la vida sexual, aunado al cambio constante de parejas o al experimentar el coito con varias personas simultáneamente (lo que en la actualidad se conoce como tríos, orgías o intercambio de parejas comúnmente conocido en inglés como swingers). A su vez, la promiscuidad, la prostitución, la infidelidad y el desconocimiento del tema y de cómo prevenirlo son causantes también de que sigan existiendo masivamente tales enfermedades.
La realidad es que la mayoría de las personas sexualmente activas no tienen conciencia de la magnitud y alcance de este problema, viéndolo como algo que es improbable que les suceda, sin tener en cuenta lo realmente expuestos que están al tener relaciones sexuales con cualquier persona y sin precaución alguna.
Sin duda alguna, es necesaria la concientización desde los colegios y liceos para que los jóvenes comiencen a tomar sus precauciones y eviten en lo posible la promiscuidad. A su vez, es importante mantener la información en universidades y sitios de tránsito masivo para que las personas estén constantemente al tanto de esta realidad.
Finalmente, se recomienda que las familias enseñen valores de monogamia para inculcarles que el sexo debe ser un acto exclusivo; de esta forma resultaría mucho más fácil detener la propagación de estas enfermedades transmitidas sexualmente. En pocas palabras: ¡adiós a la promiscuidad; bienvenida sea la exclusividad sexual!

