Interrupción voluntaria del embarazo, así definen al aborto. Un asesinato contra un ser indefenso, que no puede reclamar su derecho a la vida. El aborto es un tópico rechazado por algunas sociedades y admitido por otras, como recientemente lo han hecho en España con la aprobación de la ley que absuelve de culpa y permite su práctica en las mujeres sin el rendimiento de ninguna justificación.
Existen dos tipos de aborto. Por un lado está el inducido, que consiste en provocar la finalización prematura del desarrollo del embrión o feto y, por el otro, el espontáneo, en el cual la madre expulsa el feto de forma natural e involuntaria.
El procedimiento varía según la etapa de gestación en la que se encuentre. Puede hacerse por la ingesta de una combinación de fármacos como el metotrexato, misoprostol y mifepristona que produce la expulsión del embrión por el canal de parto. También, vía quirúrgica (aborto por aspiración, dilatación y raspado, inducción de parto prematuro o por nacimiento parcial). Todas estas técnicas son fatídicas, particularmente las últimas. Resulta espeluznante y alarmante saber de la existencia de “médicos” dispuestos a acabar con la vida de una manera tan cruel, tan cobarde, tan impune.
Llámese embrión o el bebé ya desarrollado completamente, se trata del inicio de una vida humana inocente de toda culpa que no tiene por qué pagar por las equivocaciones de sus progenitores. Sí, existen casos excepcionales como el embarazo producto de una violación, sin embargo, siempre hay mejores soluciones que un asesinato. La adopción es una de ellas. Son muchas las mujeres estériles con deseos de tener un hijo, si otras pueden hacerlo pero no quieren, por qué no darle ese privilegio a otra.
Mujeres: antes de tomar una decisión como ésta pensemos, ¿Tiene el bebé la culpa de nuestros actos? ¿Por qué negarle el derecho a la vida a alguien que no puede ni hablar? ¿Nos gustaría haber muerto de esa manera? ¿Cómo se sentiría matar a nuestro propio hijo?
Puede que la presión social, la situación económica, el miedo a la maternidad o a enfrentar el embarazo sola influyan, pero recordemos esa “semillita” que crece en el vientre no es un animalito ni un objeto cualquiera. Es una vida humana que como todos tiene derecho a nacer.

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