No es correcto incluir en la lonchera una lata de refresco. Tampoco lo es dejar de darle vegetales porque al niño no le agradan. Sin embargo, sucede a menudo. Muchos padres por complacer a sus hijos atienden a sus deseos sin importar cuán erróneos sean.
Saltar las normas básicas de higiene es aún más grave. Por eso el portal Entre Mujeres sugiere diez pautas como guía para que el entorno y los alimentos armonicen de manera tal que se pueda garantizar al infante y al resto de la familia un desarrollo saludable.

Lactancia materna
Cocinar bien los alimentos
Consumir inmediatamente los alimentos cocinados
Guardar cuidadosamente los alimentos cocinados
Recalentar bien los alimentos cocinados
Evitar el contacto entre alimentos crudos y cocidos
Lavarse bien las manos
Mantener limpias todas las superficies de la cocina
Mantener los alimentos fuera del alcance de insectos, roedores y otros animales
Utilizar agua potable
La leche materna es el primer alimento para los lactantes. Se recomienda iniciar la lactancia materna en la primera hora de vida, y mantenerla como única forma de alimentación durante los 6 meses siguientes. A partir de entonces es recomendable seguir con la lactancia materna hasta los 2 años o más, complementada adecuadamente con otros alimentos, ya que la leche materna deja de ser suficiente para atender las necesidades nutricionales del lactante.
Muchos alimentos crudos (en particular, el pollo y la carne) pueden estar contaminados por agentes patógenos. Estos pueden eliminarse si se cocina bien el alimento.
Cuando los alimentos cocinados se enfrían a la temperatura ambiente, los microbios empiezan a proliferar. Cuanto más se espera antes de consumirlos, mayor es el riesgo de contaminación. Para no correr riesgos, conviene comer los alimentos inmediatamente después de cocinarlos.
Si se quiere tener en reserva alimentos cocidos o simplemente guardar las sobras, hay que prever su almacenamiento. En el caso de alimentos para lactantes, lo mejor es no guardarlos. Si los alimentos cocidos no se pueden enfriar por dentro tan deprisa como sería de desear, y la parte central del alimento sigue caliente demasiado tiempo, los microbios pueden proliferar y alcanzar rápidamente una concentración susceptible de causar enfermedades.
Esta regla es la mejor medida de protección contra los microbios que pueden haber proliferado durante su almacenamiento. Un buen recalentamiento implica que todas las partes del alimento alcancen al menos una temperatura de 70° C.
Un alimento bien cocido puede contaminarse si tiene el más mínimo contacto con alimentos crudos. Esta contaminación cruzada puede ser directa, como sucede con la carne cruda de pollo o de vaca que entra en contacto con alimentos cocidos. La contaminación también puede ser indirecta, por ejemplo, no hay que preparar jamás un pollo crudo y utilizar después la misma tabla y el mismo cuchillo para cortar el ave cocida porque podrían reaparecer los riesgos de contaminación microbiana.
Hay que lavarse bien las manos antes de empezar a preparar los alimentos y después de cualquier interrupción (en particular, si se hace para cambiar al niño los pañales o ir al baño). Si se ha estado preparando alimentos crudos, como pescado, carne, o pollo, habrá que lavarse las manos antes de manipular otros productos alimenticios.
Como los alimentos se contaminan fácilmente, conviene mantener perfectamente limpias todas las superficies utilizadas para prepararlos. No hay que olvidar que cualquier desperdicio, migaja o mancha puede ser reservorio de gérmenes. Los paños que entren en contacto con platos o utensilios se deben mantener limpios y desinfectados.
La mejor medida de protección es guardar los alimentos en recipientes bien cerrados.
El agua potable es tan importante para preparar los alimentos como para beber. Si el suministro hídrico no inspira confianza, conviene hervir antes de añadirla a los alimentos o de transformarla en hielo para refrescar bebidas. Importa sobre todo tener cuidado con el agua utilizada para preparar la comida de los lactantes.
