Pierden las llaves de la casa, se calzan con medias distintas, dejan el cuaderno de los apuntes, olvidan los recados importantes, las tareas, apagar el arroz que dejaron en la cocina… así, una infinidad de cosas sin completar, un modelo de conducta propio de las personas despistadas o distraídas. Ellos parecen vivir en un mundo aparte, pensativos o hasta ausentes.
La distracción puede ser un rasgo de personalidad, una racha temporal o de origen patológico. Como no todos tenemos la misma capacidad de memoria, atención y concentración; la lucidez mental varía en cada individuo. A veces los periodos de trabajo excesivo, el estrés o la ansiedad son los responsables de tal comportamiento.
Por otro lado, ocurre el olvido de situaciones desagradables como un mecanismo de defensa para evadirlas y en ocasiones unos factores se mezclan con otros. El insomnio también afecta debido al cansancio con el que funciona el cerebro por la falta de sueño.
Cuando no es simplemente la fatiga la causante del despiste, entonces, se puede hablar de la dislexia (imposibilidad de leer correctamente), déficit de atención o problemas neurológicos como justificación del problema.
Para mejorar la concentración:
- Escribir listas de los asuntos pendientes.
- Llevar una agenda con los asuntos importantes. Recitar lo allí escrito antes de abrirla para ejercitar la memoria.
- Crear hábitos y ser ordenados para de esa forma recordar dónde está cada cosa.
- Hacer gimnasia mental; juegos de memoria, yoga o taichí para mejorar el enfoque de la atención.

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