A través de resonancias magnéticas hechas a un grupo de 12 personas se ha determinado los efectos que tienen los ácidos grasos en las emociones cuando entran al organismo.
Tras someter a los participantes a escuchar música fúnebre y ver imágenes tristes; mientras a la mitad del grupo se le inyectaba ácidos grasos y a los demás, una solución salina –sin que ellos lo supieran-, los individuos calificaron su estado de ánimo: los primeros se sentían menos melancólicos.
Para Lukas van Oudenhove, científico de la Universidad de Lovaina, Bélgica, y director de la investigación, comer grasa parece que nos hace menos susceptibles a sentir tristeza, aun desconociendo que la estamos consumiendo, como ocurrió en el experimento.
