Gente encantadora por excelencia, que te tratan como a nadie y te elevan a lo más alto del cielo, haciéndote creer que por fin encontraste al amor de tu vida.
Después de la caceria, te entregas cazado/a y buscas enamorado/a a tu cazador/a, quien de repente, se transforma en otro. Empieza a evadirte de cierta forma y parecieran que los papeles se invierten: ¿Ahora eres tú quien debe conquistarlo/a? ¿Es acaso el amor un tira y encoge?
Esas personas que afirman que “después de conseguir un deseo, muere una ilusión”, se les conoce en psicología como histéricos. El término histeria proviene del griego hysteron (útero) y desde allí tradicionalmente se le consideraba a la histeria como enfermedad del útero, por lo tanto, de las mujeres; no obstante, tanto féminas como hombres presentan rasgos histéricos alguna vez en su vida al quererte hoy, pero mañana no. Tal como afirma Rodrigo Asseo, psicoanalista: ”al sujeto lo que menos le importa es la presa, lo importante es el cazar”.
La persona histérica considera como satisfactorio el no satisfacer su deseo, es por ello que hay que hacerles como sugiere Ricardo Arjona en su canción: “dime que no, pensando en un si y déjame lo otro a mi, que si se me pone fácil, el amor se hace frágil y uno para de soñar”.
¿Cómo saber si estás frente a un/a histérico/a?
- Son de los que hoy te quieren, pero mañana estarán confundidos.
- Antes se moría por llevarte a la cama, pero no avanza por miedo. ¿Miedo a qué? ¿A enamorarse?
- Te pedirá correr hoy, pero ir más despacio mañana. ¿A dónde? ¿Hacia qué? Nunca lo sabrás con exactitud.
- Son de los que van impulsando una posible relación y de repente, caen en el letargo.
- Un histérico te llamaba todos los días, pero de pronto, como que se olvida de tu número telefónico.
- Hasta ayer moría por verte, hoy mira para otro lado.
Lo cierto de todo es que, si dejamos que la histeria gobierne nuestras pasiones, nos convertimos en pseudoprofetas, de esos que dicen pero no hacen, o hacen… pero no continúan haciendo.
