Al obstetra que atendió a la abuela, mamá y hermanas, responsable, además, de traerte al mundo ya le tiemblan las manos. Haz crecido y necesitas un especialista a quien consultar, pero, ¿A quién acudir? ¿Cómo saber que es tan bueno como el súper ginecólogo de mamá?
En primera instancia debes asegurarte de que el médico no sea falso o de mala reputación. Los verdaderos profesionales no dudan en exponer en su consultorio sus cartas credenciales, precisamente para darle confianza a la paciente. Título universitario de medicina, título de especialidad en ginecología y otros reconocimientos avalados por organizaciones legales sirven como prueba de credibilidad.
Hacer una especie de inspección policiaca en el consultorio también es importante. No hablamos de invadir con preguntas fuera de lugar al doctor, más bien se trata de ser detallistas con la vista: vigilar que sea un espacio higiénico, con buena iluminación, con equipo médico especializado y, por supuesto, los instrumentos para la exploración corporal deben ser desechables.
Decidir entre un hombre o una mujer es personal. Hay quienes aseguran que las ginecólogas son menos sutiles que los hombres; mientras otras lo niegan. De cualquier modo, lo esencial es sentirse a gusto con el especialista. Obviando su género, un buen médico se mide por sus conocimientos y la capacidad que tenga para transmitirlos sin atemorizar al paciente.
