Cuando se unen la luz, el sol, la energía y el relax aumentan las ganas de tener encuentros sexuales. Pero, ¿Por qué?
Semejante curiosidad se debe a la intervención de dos factores fundamentales: los psicosociales y fisiológicos.
El primer aspecto se justifica porque durante las vacaciones se suele romper con la rutina, entonces, el deseo de experimentar nuevas experiencias conlleva al incremento de la vida sexual. En el caso fisiológico los culpables son el calor y la luz, pues aumentan las sustancias bioquímicas promotoras del deseo sexual como la testosterona, serotonina y endorfinas, estimulando la energía, erotismo y placer, y por lo tanto la posibilidad de tener encuentros íntimos.
Las feromonas también juegan un papel importante en la seducción vacacional. Durante este periodo se estimulan fácilmente y su influencia en el comportamiento sexual provoca la atracción instantánea del sexo opuesto.
Dichas afirmaciones no significan que en otros meses del año la libido desaparezca, pero sí se acentúa durante el mes de agosto. Los especialistas se lo atribuyen a la carencia de tensiones y mayor disponibilidad de intimidad, cosa que no se logra en plena faena de trabajo o estudios.
Una razón más para disfrutar de las vacaciones sin reservas, pero con precaución.
