Frase impresa en chapas que servían de prendedor en el atuendo de los expositores participantes de Carora Viva 2011, festival cultural de la nueva generación, que ocupó las instalaciones del teatro Alirio Díaz durante los días 24, 25, 26 y 27 de este mes que ya termina.
Un atractivo cronograma de actividades fue la invitación para un evento cultural, de los casi inexistentes en una ciudad tan pequeña como Carora, dominada por botas de ganadero y no por piezas delicadas de diseño como las expuestas sobre las mesas de cada creador.
De entrada, toldos blancos agrupados resguardaban del clima a los visitantes que recorrían uno a uno cada stand. Toquetear, preguntar, sonreír, era la rutina de la mayoría de ellos, siempre maravillados ante la singularidad de lo que veían.
Prendas vintage como las de Mintaka, libretas con historias hechas por Flip!, faldas al estilo de MAM o una colección inspirada en la película Río(Merla), fueron algunas de las propuestas de diseñadores jóvenes que, a pesar de la lluvia, se mostraron satisfechos con los resultados del evento.
Atravesar la puerta del teatro era encontrarse con las muestras fotográficas de Hernán Meléndez, Jesús Arispe y Ricardo Arispe. Tres percepciones distintas de la capital del municipio Torres.
La estación siguiente les correspondió a los invitados especiales que dictaron cátedra sobre gastronomía. Entre otros cocineros, fueron Pocho Garcés, Juan Carlos Bruzual, Omar Pereney e Ivett Franchi, los encargados de los talleres dispuestos para el público.
Con esta son dos las ediciones que suma Carora Viva, una reunión cultural plausible y tremendamente necesaria en un lugar donde pocas son las opciones de entretenimiento y enriquecimiento cultural, aun cuando se tiene el talento.



