El refresco, una bebida de costo accesible, refrescante y buen acompañante para casi todas las comidas, resulta tentador y vicioso para cualquiera.
Pese a esto, el líquido burbujeante nos es más que una composición de cafeína y azúcar en exceso (entre otros componentes) que al entrar al organismo lo deterioran.
Si no lo cree, fíjese en esto:
- Un vaso equivale a 10 cucharadas de azúcar, cantidad necesaria para un solo día.
- La concentración de azúcar en la sangre aumenta y provoca una rápida secreción de la insulina. El hígado convierte toda esa azúcar en grasa, y ¡Suaz! aumentamos de peso.
- Una vez absorbida la cafeína, las pupilas se dilatan, la presión sanguínea sube y, de repente, adiós al sueño, bienvenido el insomnio.
- Por la descontrolada producción de azúcar, se pierde el calcio a través de la orina cuando debería quedarse en el cuerpo.
- Muchas personas tienden a orinar más de lo normal por el efecto diurético de la cafeína contenida en el refresco, y aunque con esto se elimina el refresco del organismo, del mismo modo se desechan importantes nutrientes para el organismo.
